Un oleaje tremendo atosiga,
todo lo invade en crudo
abrazo y deja mancha
muy corta, muy brava.
Los buches de la luz inúndanme.
La boca parturienta,
con su ancho tacto por decir
se inflama, se albea su construyendo
una luz mucha más pura y de sangre.
Cuerpo común
-amor más vivo-,
piel en pie, nuevo ser que nace entonces
para darme los chorros
de un nacer cotidiano y sin remedio.
(de Preludio: arte poética)

Quien tanto mira sólo es lo que mira:
se mueve con el baile de las olas
de mucho mirar las olas bailando;
lanza contra los puntos cardinales
lo suyo diferente de su cuerpo;
reboso en un contemplado –placer
muy fácil-. Perteneces. Tus dos alas
para qué, suplicando ventolera.
Si sólo hallaras mendrugos de luz
en tu interior despertar porque queman.
(de Presencia de la luz)

De repente quise mucho más ver;
no sé si fue la luz o una luz
cualquiera que me hundió en su blanco tiemblo
-o fuera yo el motor de todo ritmo-,
pero quise más mucho verlo todo,
con mirada lejísima y delirio.
Margullante de hostil marea siempre
volviendo, y que me lanza contra mí.
Pero yo sigo: ya nada me vuelve
demás porque quise mucho más ver.
(de Presencia de la luz)

Este cuerpo ¿de quién lo heredo? ¿Para
quién? Si es la barricada o el trampolín
no lo sé: un trapecio resbaloso.
En él no cabe lo que existe, pero
al revés sí. Mi cuerpo. Te acaricio:
me perteneces y no a la vez.
Soy salvaje en tus frondas prisionero.
Almenara que anuncias a la muerte,
cuerpo mío, vasija dubitable
que das a mi amor la forma del mundo.
(de Conocimiento de la luz)

Sobre ti puse toda mi esperanza.
Cruel tú misma gritando tras de ti
¡qué cortas amarras! Quedo violado.
Después descoses lo que coses antes,
cuando tuve y crecí según tu vuelo,
cuando el feliz anillo si te digo.
Tanta ilusión y luego qué arrasado.
Con una gravedad estrepitosa
caes. Vuelta chatarra. ¡Tú, tirana
que me abres pozos tristes en la lengua!
(de Poética de la luz)

En la última isla del mundo,
oceánica soledad,
todo lo que nombras te pertenece,
pero peligra tu codura.
(de Poética de la luz)

Tengo ecos que lanzo contra el mar: los retomo
los lanzo los retomo: están blandos y salados
pero dan flor casi cuchillos
que dan mundos con sus tactos con sus mundos
y un gran genital en todo el cetro
soy lo primero en una isla anterior de frontones
llegué a estas últimas piedras elementales
porque las he de encalar es mi cadena
a lo que no puedo decir no
no evito que me pesan los hombros de tanto
yo
camino sobre alféizares mampuestos
y en una antorcha asumo los derredores
hacia el cuerpo
el eco que vuelve da una flor extraña
el mar nos come lo que no somos pero duele
su ruido:
miraré hacia arriba en una mano sosteniendo
toda la isla
con la boca ansiosa de repique:
rompe muros lanza voz y ordena
más fáciles órbitas
ten praderas recién llovidas que antes estaban
de otra forma cruel y desbocadas
un rayo original tiene la horma de mi boca
su luz resume la luz
siempre saltando mi alma sobrevive
un eje me dieron
parado a pesar de las estaciones
y la carne declinando con justicia
alta cumbre total sin luego
pero luego es
la voz es hacia su zanja y otras voces
y más allá del mar y el severo minuto
y la luz se desmelena
-lloro-
perdí edenes porque siempre perdí edenes
ni la muerte me consuela
ni la sangre me lo olvida
todo lo que tuve regresa
todo lo que fuimos lo tuve y regresa:
mientras agonizas
sabe que te cabe la vida en la boca.
(de Conclusión)

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