SEDIMENTAR EN LA ESCRITURA INCLUSO LO QUE NO ESTÁ ESCRITO, Y ACTIVARLO EN CADA DECIR.
Despliegue, no sucesión, pide la palabra poética. Como en un abanico están las varillas sujetas por un punto intenso incluso en el momento de máxima extensión, así el poema incrusta en el ámbito dado por un cerco escaso de palabras un espacio inconmensurable sin dejar que pueda por ello abandonarse el centro único de gravedad que lo sostiene.