PARA EL SALTO LA PALABRA a modo de Prólogo

Al principio, en torno a 2002, cada abordaje fue cayendo gota a gota, girando en torno a los poemas que en aquellos tiempos iban configurando Levantado templo. Un puñado, apenas, de fragmentos que fueron viendo la luz en 2C, suplemento cultural de La Opinión de Tenerife, gracias a la acogida que allí quisieron darles Daniel Duque e Isidro Hernández.

Mucho después se concretó su encuentro íntimo con Ritmo, cuando la amistad creciente me lanzó a compartirlos con Iker Martínez. En un primer momento fueron no mucho más de 40 fragmentos los que le envíe para su lectura, a modo de complemento, reflejo o chispa nacida contra lo que en nuestras habituales conversaciones poníamos en carne viva. Al envío de mis abordajes, Iker contestó prolongando en un texto escrito que acabó configurando Ritmo lo que en nuestras conversaciones pareció abrirse como un espacio que nos era dado habitar. Aquellos temas, las visiones comunes fueron hilvanando, desde sus diferencias y afinidades, en sus territorios espejeados, una pasión compartida que explican la inclusión, ahora, de Ritmo a modo de cum-scriptum en este libro.

Ritmo tiene, sin duda, su latido propio, su estilo no sacrificado por la forma y el fondo de los abordajes que lo preceden, aunque es necesario reivindicar su sangre común y reconocer que sus hallazgos contribuyen a elevar el alcance filosófico del libro.

Quizás la clave consista en reconocer que ni Abordajes ni Ritmo se deben nada, ya que fueron escritos bajo su propio impulso de necesidad, aunque al mismo tiempo quepa habitarlos como un solo territorio más ancho cuando se ponen mutuamente uno dentro del otro.

ABORDAJES de Miguel Pérez Alvarado

1. Escribir proyecta inevitablemente una cierta filosofía del mundo y de la vida, pero antes, una cierta filosofía del lenguaje.

9. El poema adquiere toda su presencia cuando se dice: la lectura no es un elemento decorativo; es la forma inevitable en que se aparece la poesía, el espacio en donde sus fuerzas pugnan. Es una experiencia personal y física, una “relación carnal con las palabras”, dijo Valente. La palabra poética no es una idea, no es un signo, no es un instrumento de comunicación. Es una voz que remueve sedimentos que activan nuestro tacto.

11. La poesía consiste siempre en un nuevo decir. Su combate primero es con la palabra usada, y su destino inmediato es otra palabra que la sustituya. No deberíamos aspirar a decir lo que nos complace, sino lo que nos inquieta. No llenar huecos; entrar en ellos. Aunque todo esto no es más que una opción personal.

12. A los escritores canarios nos une fundamentalmente una voluntad de perspectiva y un puñado de ficciones: una tradición de miradores oblicuos.

51. A menudo dependientes de lo que desde afuera nos daban a conocer acerca de nosotros mismos, algunos de los grandes impulsos de nuestra tradición literaria se sujetan precisamente en la apertura de una posibilidad de conocimiento propio. Cairasco insertando irreverente sus octavas reales donde Tasso colocaba el final del mundo real; Viera escribiendo mestizamente (mezcla de ciencia y leyenda) su Historia contra y desde el relato mitológico y fantástico de nuestros cronistas, contra y desde la ciencia historiográfica que nace en su siglo; Espinosa y Morales atlantizando la herencia mediterránea.

56. Hay ciertas imágenes (previas al poema, prepoéticas) cuya potencia consiste en volver, en insistir una y otra vez en su presencia que se abre apenas y quiere desplegarse. Imágenes sin sistema, sin sintaxis, sin poema (aún). Se me aparecen a  menudo en forma, incluso, de preposiciones, de dirección hacia algún lugar que aún no conozco. Pero siguen siendo imágenes: las veo aparecer y desaparecer. Pienso, sin embargo, que no tienen que ver, en ese estado prepoético, con ninguna metáfora, ni con símbolos, ni con nada traído del mundo visual: son fundamentalmente ritmo que quiere y ordena despliegue.

61. Hay que contribuir a levantar un sentido blando de Canarias, es decir, no conceptual, no herido en la búsqueda de la definición y la síntesis. Un sentido blando es siempre una vivencia en la memoria.

62. El tiempo no, el espacio. O el tiempo sí, pero dentro del espacio.

67. (Playa de Las Canteras) El cuerpo no tiene ventanas, ni raíces, ni ojos, ni corazón. Tampoco tacto: si se pudiese tocar lo que está afuera, qué seríamos sino una piedra pequeñita rodando en el vacío. El frescor del agua en la que margullas es tan sólo iridiscencia en las regiones continuas del hogar.

82. En Tradición europea de la poesía canaria, Pedro García Cabrera da en el clavo: las islas son objeto, oasis, para el que viene de fuera, y sujeto, punto de vista, mirador, para el isleño. Las islas, el lugar del origen, no son sólo “un sitio”; son perspectiva.

90. Por boca apasionada de mi padre oí nombrar por primera vez los rincones insólitos del centro inaccesible de la isla: Ayacata, Tamadaba, Saucillo, El Zumacal, La Culata, Inagua, Chira, Pilancones… Luego vino el ansia de llenar el espacio abierto por esas palabras caminando los barrancos y pinares en compañía de los amigos íntimos. Desde aquí, ahora recojo la herencia de volver a nombrar los paisajes de la isla: contribuyo a prolongar un ciclo que no termina nunca.

95. La isla, dada en sus contornos por el mar, quiere a menudo ser pensada a partir de las imágenes extremas de lo completo y cerrado, o lo vacío y absolutamente expuesto a la fecundación externa. En ambos casos, no se trataría más que de una piedra pasiva en medio de aquello que la hace ser, en relación dialéctica: geografía contra historia, tierra contra agua, soledad contra mundo. La isla, sin embargo, nunca se encuentra del todo dada por el mar, ya que en el ritmo que establecen pleamar y bajamar contra la costa se impone permanentemente una trasgresión de la pasividad aquella: en la orilla se consagra de un lado el territorio que es isla y no es isla, es mar y no es mar; y en ella se transfigura así la noción clásica de un espacio marcado por la oposición de dos masas antagónicas (dentro y fuera) en un espacio construido gracias a la respiración erótica. Es la isla el espacio del que más claramente puede decirse que respira.

99. En las cosas no sólo la cosa, sino sedimentos que, como el polvo de las alas de las mariposas, no estamos autorizados a separar sin sacrificio de nuestra propia identidad.

122. Encendida una luz bajo un árbol en medio de la noche, la copa retiene a nuestro alrededor una sombra incandescente.


RITMO de Iker Martínez

No conocemos más vivencias que aquellas a las que podemos denominar “espejos”. De ahí que los espejos de vivencias sean la esencia de las relaciones en el ámbito del conocer. En todo espejo conectamos nuestra imagen y las imágenes reflejadas. Toda vivencia cubre un espacio. Todo espacio es capaz de ser imagen, de mostrarse, fragmentariamente, a través de su mirada. La mirada no sólo observa; ante todo, la mirada muestra un fragmento de la vivencia, hace transparente un espacio, delimita un territorio limitado a su vez por otro mayor en intensidad.

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La mirada avanza siendo originaria. No es progreso, sino regreso al origen. El regreso en el espacio se desvela cuando es percibido esencialmente como cambio. Cada nuevo contacto con lo ya conocido, con lo inscrito en la memoria de un espacio, amplía y diferencia, mueve, distorsiona y reconstruye la mirada, a través de la vuelta a una percepción ya sentida pero cada vez diversa. No caben dos miradas idénticas. Sólo manipulando la vivencia, coartando cada nueva percepción podemos hablar de unicidad. Jamás he paseado dos veces por el mismo bilbao; ni bilbao en mí ha logrado encontrar un sujeto donde habitar.

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Ritmo es necesidad en la vivencia. Por lo tanto, insondable, impenetrable, indescifrable. El ritmo de la vivencia consiste en esa necesidad que hace que la mirada no pueda no ser libre.

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Filosofía es la mirada que expresa algo no concluido ni resuelto sobre la vivencia a través de conceptos. Por eso, los conceptos nacen de lo concreto siempre, porque surgen de la relación del sujeto y su mundo, esto es, nacen no de, sino en la vivencia.

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Tampoco poesía y filosofía pueden vincularse en esencia al pensamiento o a la razón. ¿Por qué pensamiento? Ni poesía ni filosofía se dignifican asimilándolas al pensamiento acaparador, monopolizador, siempre en busca de una verdad unitaria, inamovible, completa. Él sí disfruta con esta asimilación, rebosa poder, pero abrasa la mirada poética. La despoja de la verdad -fragmento que todo territorio expresa rítmicamente.

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